Las mayúsculas de MUSICO se quedan pequeñas para Gualberto. Gualberto es un animal de la música. Lo toca todo, lo sabe todo, lo prueba todo. Inventa, reinventa, compone, recompone, interpreta y reinterpreta. Gualberto y el sitar, Gualberto y la vina, Gualberto y cualquier instrumento indio, nepalí, birmano, ó qatarí, conforman una entelequia que parece que siempre hubiera existido. La música está en cualquier sitio como el hidrogeno, lo difícil es destilarlo, si es que el hidrogeno se destila, que no lo sé, lo que si sé es que Gualberto destila música por los cuatro costados. Gualberto hubiera sido músico en la India, en Nepal, en Birmania ó en Qatar, pero también en Washington, Rabat, Los Angeles o Londón, como decía una letra de Carlos Cano, más o menos. Pero Andalucía ha tenido la suerte de que Gualberto nazca aquí y Gualberto tiene la suerte de haber nacido en Andalucía y claro está, el resultado es el que es.
Podrían interpretarse estas líneas como una glosa desmesurada, una alabanza desproporcionada por la falta de delicadeza, de no haber colocado en este humilde blog la inmediata reseña que hubiera merecido la actuación desinteresada de Gualberto en nuestra Peña, la noche del viernes 1 de Junio. No es eso. La no publicación de la inmediata reseña estuvo “infelizmente” motivada, como dicen en Brasil, desde donde escribo este artículo, a la “infeliz” circunstancia de la pérdida del video y del audio de la grabación y de los esfuerzos y tiempo dedicados a la posible recuperación, circunstancia que “infelizmente” no fuimos capaces de lograr. Esto nos sumergió en un “melancólico letargo” que prolongó el verano y sus circunstancias.
Este periodo de letargo, sin embargo es el que ha provocado esta reseña, pero no por lo de la “mala conciencia” por el “infeliz” retraso, sino porque este tiempo me ha permitido conocer a Gualberto, escuchar sus peroratas musicales, conocer su “portfolio”, perdón por el palabro, extraordinario, sentir la tensión de sus inquietudes artísticas, incluso percibir el ambiente de su “guarida musical” abarrotada de instrumentos, micrófonos, equipos de sonido y cachivaches musicales varios. Al entrar al recinto del artista, me acordé de un disco de Pablo Milanés, no recuerdo cual, en el que hace una introducción hablada Gabriel García Márquez describiendo la sensación que le produjo entrar por primera vez a casa de Pablo y comprobar que todo era ó estaba relacionado con la música. Algo especial tienen los estudios de los artistas ó los talleres de los artesanos y que describe magistralmente García Márquez, algo tienen estos ambientes que generan la devoción del visitante, la que debió sentir Luis Miguel Dominguín al entrar por primera vez en el estudio de Picasso ó la todavía siento yo cuando entro en el taller de mi amigo guitarrero José Miguel Vega.
En la noche del primer viernes de Junio, el sitar de Gualberto, “interpretó” un amplio abanico de cantes, acompañado por la serena y leal guitarra de Miguel Aragón. El sitar “empujado” por Gualberto al cante y la magistral guitarra de Miguel al toque. El publico devoto y emocionado como en las grandes liturgias. Sencillamente magistral.